jueves, 18 de diciembre de 2008

ENFRENTAMIENTO CON EL PARTIDO

El pueblo de Cuba era un pueblo de corderos.
Definitivamente.
En una ocasión estaba oyendo "La Voz de las Américas", estación de radio de Estados Unidos que oía casi todo el "gusano" en Cuba y el vecino de al lado ( del otro) me tocó la puerta encabronado porque sus hijos estaban oyendo lo que decía la radio y que él era revolucionario y no le interesaba que sus hijos oyeran esas cosas.
Yo le expliqué que estaba en mi casa y como es lógico, oía lo que me diera la gana, solo tenía que alejar las orejas de mi pared y entonces eso no pasaba y que por otro lado debería dejar que sus hijos lo oyeran por sí solos, para que aprendieran a ver las diferencias de un gobierno a otro y pusieran las cosas en una balanza por ellos mismos, y no porque nadie se lo decía.
Este señor, Mayeta era su nombre, era un guajiro de Oriente que jamás se había puesto un zapato, ni había aprendido a leer y escribir, hasta que llegó la revolución y decía que todo se lo debía a su revolución y que por la revolución daba la vida.
Estuvo en la Sierra Maestra y en el Escambray, donde recibió un disparo en la cabeza que lo tenia medio tonto, aunque en el fondo era una bella persona y muy humana.
Años después impidió que le hicieran un mitin de repudio a Teresita, cuando la etapa del Mariel.
Conversar con Mayeta era como para volverse loco, debido a que casi no entendía nada de lo que yo le decía. Esas cosas no estaban en los "libritos" que estudiaba.
Era un tipo muy aplicado y muchas veces era él quien buscaba hablar conmigo.
Una vez para convencerlo de que en Cuba no había libertad, le puse una tarea y le dije:
-Mire Mayeta, Ud nunca va a entenderlo por una sencilla razon: Ud es ciegamente revolucionario y nada que le digan lo va a hacer ver la verdad.
-Ud me preguntó y me dijo que si yo no estaba de acuerdo con la revolución, me fuera para cualquier parte del mundo. Yo y mi familia estamos locos por irnos, pero como no hay libertad, no podemos abandonar el país. Ud, que es revolucionario, trate de hacerme abandonar el país y, de verdad, voy a creer en su revolución.
Su respuesta fue lo mas tonto que uno se hubiera imaginado:
-Waldo ahora sí que yo te digo que tú no estás bien de la cabeza. Si te quieres ir de Cuba , solamente tienes que ir al aeropuerto y sacar los pasajes y te vas para el país que te de la gana.
-¿De verdad Ud cree que eso es posible? Trate de averiguar con sus compañeros del Partido y deme una respuesta sobre eso cuando la tenga.

La cosa no fué muy bien con Mayeta y siempre que me veía trataba de evitar hablar conmigo. Así pasó mucho tiempo, hasta que un día llegué a mi casa y en el portal de Mayeta estaban otros "compañeros" con el. Me estaban esperando.
-Hola Waldo, ¿Cómo estás?, Aquí hay unos compañeros que desean hablar contigo.- Todo esto lo disparó rápido.
Lo tipos se identificaron como miembros de Partido Comunista y estaban interesados en saber cuál era el problema que yo tenía con Mayeta que le estaba metiendo cosas en la cabeza.
Le expliqué todo lo que habíamos hablado y les puse de tarea lo mismo que a Mayeta.
-Para demostrar esa libertad, déjenme salir del país, aunque sea para la misma China .
Ahi terminó la conversación. Le prohibieron a Mayeta que tocara temas políticos conmigo y, de ser posible, que no me hablara.
Así eran los comunistas, aunque Mayeta se quedó con las ganas de seguir conversando conmigo, pero su Partido se lo prohibía.
Conversamos muchas veces más, pero siempre era él quien venía con alguna pregunta de algo de lo que no entendía y por supuesto, fueron muchas cosas.
No hablaba conmigo en el portal, solo a través de una pared o en la azotea de la casa, que era común para los dos. Mayeta estaba indagando sobre muchas cosas que pasaban en Cuba y el NO QUERIA creer que esas cosas pasaban.
Pobrecito, era uno más de los tantos que se morían por la revolución y luego descubrían la verdad y querían morirse.
Años después me enteré que el pobre negro Mayeta fue hasta el aeropuerto y trató de ir a Rusia. Se dio cuenta de lo que le dije, ya que ni para Rusia lo dejaban ir y él preguntaba: ¿por qué?.
Cosas de la Revolucion.

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